martes, 10 de mayo de 2011

El 30% de las empresas incumplirá este año los plazos de pago fijados en la Ley de Morosidad

CINCO DIAS: La dificultad para acceder al crédito y la crisis siguen siendo los dos factores que impiden a las empresas ajustarse a los plazos de pago máximos fijados en la nueva Ley de Morosidad (85 días en 2010 y 2011, 75 en 2012 y 60 en 2013). De hecho, el 33% de las empresas superó ese límite legal en 2010 y este año lo sobrepasará el 30%.

Así se refleja en el primer estudio de la gestión del riesgo de crédito en España, elaborado por Iberinform, filial del grupo Crédito y Caución, y la cátedra de Cash Management del Instituto de Empresa. "Son plazos más voluntaristas que reales. Es una norma que no tiene en cuenta el efecto brutal que el alargamiento de los plazos y los impagos está teniendo sobre la destrucción de las empresas. La UE estima que una de cada cuatro desaparece por impagos", apuntó ayer Yon Munilla, director general de Iberinform, durante la presentación del informe.

Al retraso en el pago se ha unido la restricción del crédito a las empresas, lo que sin duda ha reducido la capacidad para financiar fallidos. "El esquema ha cambiado por completo. Ahora un solo impagado puede poner en peligro la tesorería y la viabilidad de una empresa", aseguró Francisco López, director de la Cátedra del Instituto de Empresa.

Ese retraso sitúa a las empresas españolas como las que más demoran el pago de las facturas pendientes a los proveedores nacionales en la UE. En el barómetro de prácticas de pago en la Unión Europea, elaborado por Crédito y Caución, queda reflejado que el 74% de las firmas europeas pagan a los proveedores de su propio país a menos de 30 días, mientras que en el caso de España, ese porcentaje se reduce al 21% del total, casi cuatro veces menos. Este deterioro no se produce, sin embargo, en el caso de los pagos en el mercado exterior.

Una de cada dos empresas españolas paga a sus proveedores europeos en menos de 30 días. Marta Nodal, directora comercial de Crédito y Caución, lo justificó por el hecho de que las empresas se adapten a los plazos de pago de los países con los que cierran operaciones comerciales.

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